EL TEMPLO DE LOS PERGAMINOS
Saludos, crononautas.
Hace unos días, uno de nuestros contactos del planeta Tierra nos informó de que en la localidad de El Castellar, en Teruel, dentro de la cuenca alta del río Turia, habían sido hallados varios huesos y vértebras de diplodocus. Hasta ahora, este tipo de dinosaurio se consideraba exclusivo de Norteamérica, así que encontrar un individuo en Europa supone un cambio importante respecto a lo que sabíamos sobre la distribución de estos animales. En El Castellar se habían encontrado ya numerosos restos fósiles, incluidas huellas de saurópodos gigantes, pero no sus huesos hasta ahora. El caso es que siempre se había especulado con que alguna variedad de diplodocus pudiese haber habitado o visitado la región.
Hace unos ciento cincuenta millones de años (milloncito de años más o menos), el océano Atlántico era mucho más estrecho y menos profundo de lo que es actualmente, lo cual pudo permitir que uno o más de estos dinosaurios lo cruzaran de América a Europa simplemente andando, chapoteando en aguas poco profundas y esquivando las simas marinas. Este descubrimiento ha hecho que a nosotros también nos entren ganas de ponernos a buscar dinosaurios, así que hemos optado por rejugar y, ya de paso, reseñar el segundo libro de La máquina del tiempo, que lleva por título Al encuentro de los dinosaurios.
En él somos enviados al periodo mesozoico en busca de la fecha más aproximada de aparición de los arqueópteris, considerado por los científicos el eslabón evolutivo clave en el que las escamas de algunos reptiles se convirtieron en plumas iniciando su largo y tortuoso camino para evolucionar a las aves actuales.
En estos librojuegos ya sabemos que no podemos morir: hay un único final, que es el final bueno, y todas las malas decisiones que tomemos únicamente nos hacen retrasarnos, enviándonos a puntos anteriores y teniendo que rejugarlos hasta dar con el camino correcto.
Sabiendo esto, y teniendo en cuenta que básicamente vamos a estar paseándonos entre dinosaurios y que entre nuestro equipo de supervivencia llevamos una cámara fotográfica, nos hemos tomado la partida como un safari fotográfico de dinosaurios, básicamente tomando decisiones sin razonarlas con la única finalidad de encontrarnos con la mayor cantidad de dinosaurios diferentes posibles. Es una forma tan buena como cualquier otra de afrontar este librojuego, creo yo. Y, en realidad, el librojuego es básicamente eso hasta que llegamos al final. Casi todas las situaciones por las que vamos pasando son encuentros con diferentes tipos de dinosaurios, que se nos describen, se nos presentan en alguna situación cotidiana de sus vidas, y de los que en ocasiones tendremos que huir saltando en el tiempo.
A diferencia de otros títulos de esta misma colección, donde los saltos en el tiempo son relativamente pequeños (de unos pocos años, a veces una decena, raras veces un centenar), aquí los saltos que hacemos pueden ser veinte, cien o trescientos millones de años cada vez, porque nos movemos por unos márgenes de maniobra temporal muy grandes. Finalmente, tras estar dando tumbos de un lado a otro, nos encontraremos con un nido en el que se están abriendo varios huevos y las criaturas que salen de ellos son polluelos de arqueópteris, que ya nacen con pequeñas plumas, pese a que sus padres vestían escamas hasta no muchas generaciones atrás. El sacarles una foto y poder llevarla al futuro como prueba es lo que marca el fin de esta partida.
Pero no el fin de lo que tengo que comentar sobre ella, porque nos encontramos con un par de casos bastante particulares que por el momento no he visto en ningún otro de los títulos de esta colección a los que he jugado. La primera es una ilustración que aparece por duplicado; la misma ilustración es utilizada dos veces en el librojuego. Aquí la podéis ver: es la misma ilustración en dos páginas diferentes.
Lo único que se ha hecho ha sido espejarla, quizá con la esperanza de que a primera vista no se note tanto. Prefiero pensar que la pusieron dos veces por un error de maquetación, pero entonces ¿por que espejarla? Corresponde a un momento en el que nuestro salto nos lleva a una era muy próxima a la actual, en una de las varias excavaciones de huesos de dinosaurios que tendremos la oportunidad de visitar. En una de ellas, por cierto, conoceremos a Mary Anning, un personaje histórico real que fue pionera en la búsqueda y clasificación de huesos de dinosaurios.
La otra particularidad que decía es que, mientras deambulamos por el mesozoico, nos toparemos con un chaval llamado Karl. Supongo que esto es una broma interna que quiso hacer el autor, porque rompe con la narrativa básica de la colección. Todos los librojuegos de La máquina del Tiempo comienzan diciendo que el libro que teníamos en las manos era una máquina del tiempo. Siempre entendimos que lo decía de forma figurada, porque luego se nos habla de que íbamos a ser enviados a tal o cual época y que se nos iba a proporcionar tal o cual equipo especializado u orientado a pasar lo más desapercibidos posible. Se nos daba a entender que formábamos parte de alguna agencia u organización con muchos medios a su alcance y que eran ellos los que, de algún modo, nos proporcionaban tanto la capacidad para viajar en el tiempo como el equipo que necesitáramos.
Aquí, Karl tiene el poder de viajar en el tiempo porque entró a una librería y se encontró con el librojuego Al encuentro de los dinosaurios. Ni tan solo lo compró, sino que se puso a hojearlo dentro de la misma tienda. Y eso es lo que hace que esté viajando en el tiempo en el mismo librojuego en el que lo estamos haciendo nosotros. Es algo que no tiene relevancia, porque tras encontrarnos con Karl, poco después lo perdemos de vista. Así que entiendo que esto fue realmente eso, algún tipo de broma interna del escritor o del equipo de diseño de la colección.
Pero, como decía antes, es el único caso que me he encontrado hasta ahora en que nuestro personaje coincida con otro viajero del tiempo. Y lo hace además en uno en el que estamos haciendo unos saltos de decenas o cientos de millones de años, en lugar de estar en una época y en un área muy reducida en la que podría entenderse que dos viajeros del tiempo tuvieran posibilidades razonables de coincidir.
Nuestro siguiente salto en el tiempo nos llevará a conocer a uno de los mayores guerreros de la historia pulsando aquí.
Search for Dinosaurs. 1984. David Bischoff (texto) Doug Henderson & Alex Nino (ilustraciones). La Máquina del Tiempo nº 2. Editorial Timun Mas.


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