EL ORÁCULO DE LAS VISIONES ¡ALERTA DE EXPOILERZ!

¡Saludos, amigos cinéfagos!
Esta es una película que engaña mucho, comenzando ya por su título completamente genérico, que no sugiere nada más allá de otra película de zombis del montón. Visualmente tampoco inspira mucha confianza cuándo empiezas a verla: efectos especiales extremadamente pobretones, actores totalmente desconocidos, actuaciones que dejan mucho que desear, diálogos y escenas que parecen ahí puestas simplemente como relleno… todo esto te hace suponer que no va a ser más que una película barata y poco inspirada, pero nada más lejos de la realidad.
La acción tiene lugar en un pueblecito australiano llamado Berkeley, al cual se aproxima a toda velocidad un fragmento de meteorito que ha estallado cerca de la Tierra. Ese fragmento se rompe en pedazos más pequeños poco antes de impactar contra el suelo, repartiendo trozos de sí mismo por toda el área del pueblo. La primera señal de que algo va terriblemente mal la tenemos cuando uno de esos fragmentos atraviesa como una bala el torso de uno de los habitantes de Berkeley. Sin llegar siquiera a derrumbarse, el hombre se convierte en un zombi en cuestión de fracciones de segundo, y comienza a atacar a la gente.
La protagonista es René, que esa misma mañana se disponía a abandonar para siempre el pueblo. Vivía en una pequeña granja familiar junto con sus padres, pero estos al parecer han muerto recientemente, ambos a la vez o con muy poco margen de diferencia, y se ha quedado sola. No tiene dinero con el que pagar la deuda que sus padres dejaron sobre la propiedad, por lo que el banco se la va a embargar y ella se marcha a una ciudad en la que vive algún familiar lejano. René ni tan solo tiene coche propio, y ha aceptado que un tipejo del pueblo que no le interesa en absoluto, pero que tiene claras intenciones pegajosas respecto a ella, la lleve en su vehículo.
Mientras los fragmentos siguen salpicando el área del pueblo, su coche llega hasta un camino cortado por lo que parece ser un choque en cadena. Uno de los fragmentos ha alcanzado a un coche, matando (y zombificando) a su ocupante. Este a su vez ha matado o convertido también a los que han ido deteniéndose a continuación en el estrecho camino, creando un bloqueo de coches.
El acompañante de René es asesinado por uno de estos zombis (el resto se ha dispersado por el área y solo quedaba uno por ahí), y ella acaba a su vez con el zombi. Su acompañante se levanta de entre los muertos, porque ya hemos visto que tras la muerte, la zombificación es instantánea. Entonces interviene un extraño personaje; una especie de fanático apocalíptico y supervivencialista que vive en una cabaña en el bosque cercano al pueblo, y que tiene fama de loco porque afirma que en una ocasión fue abducido por alienígenas.
La intervención de este sujeto, Marion, parece tener como único objetivo eliminar a los zombis, puesto que una vez acaba con el que quedaba simplemente se marcha de regreso a su cabaña. Y en ese momento, tal como están las cosas, René considera que lo más seguro es seguirle.
Hay otros peligros además de los zombis. De camino a la cabaña cae una repentina y breve lluvia de apenas un par de minutos, pero cuyas gotas de agua hacen humear todo aquello que tocan, como si se tratase de lluvia ácida. Justo a continuación, una serie de haces de luz caen del cielo, cada uno sobre algún animal o insecto del bosque, y aparentemente los abducen, arrastrándolos rápidamente hacia la oscuridad del cielo totalmente encapotado.
A medida que los zombis se esparcen por el pueblo más personas tratan de abandonarlo. Al parecer ese es el único camino, y el terreno circundante es demasiado desnivelado y abrupto para recorrerlo en coche. Los que llegan hasta el camino bloqueado y sobreviven a los zombis corren a refugiarse también en la cabaña de Marion, por ser el edificio más cercano. Así terminan uniéndose a René y Marion una joven pareja (ella embarazada), el histérico y malhablado sheriff local, y su ayudante novata. Y las docenas de zombis que les siguen, claro.
La cabaña de Marion se llena de zombis y este comienza a disparar contra ellos. Parece tener una enorme cantidad de armas, tantas, de hecho, que cuando agota los cargadores de las pistolas no se molesta en cambiarlos. Se limita a soltar las armas y de algún modo otro par de pistolas aparecen en sus manos.
Esto se exagera hasta tal punto que hay un momento, más adelante, en que todos deben cambiarse de ropa porque la misteriosa lluvia humeante les ha empapado. Marion se deshace de toda su ropa, entra desnudo y desarmado en una tienda del pueblo y se viste con lo que encuentra allí. No le vemos conseguir más armas en ningún momento, pero cuando más adelante le hacen falta, otro par de pistolas cargadas salen disparadas del pantalón que pilló en la tienda. De la parte de atrás del pantalón. Literalmente, se saca armas hasta del culo.
Marion, René y el resto del grupo aguanta como puede el ataque de los zombis, pero la resistencia al daño de estos es extraordinaria y solo la destrucción del cerebro acaba con ellos. Además, la embarazada está a punto de dar a luz y se hace necesario llevarla hasta un hospital. El principal problema es que el grupo no está nada unido. El sheriff es un personajillo hiperactivo que desprecia a todo el mundo, que de cada tres palabras que pronuncia dos son insultos, y que trata de imponer su autoridad a base de amenazas y gritos en lugar de mostrando seguridad y capacidad de mando. La persona que tiene estas cualidades es precisamente Marion, que se muestra frio y sereno en todo momento y es un experto en armas, pero el sheriff no le permite tocarlas porque no se fía de él. La ayudante novata es eso, una novata sin experiencia real que se limita a tratar de seguir el reglamento a rajatabla pese a estar metida en una situación extraordinaria. La chica embarazada le recrimina a René el haberle quitado el puesto del último concursos de Miss Pesca del Dia de Berkeley, y su novio se burla de Marion por su fama de loco. Y René… bueno, ahí está la pobre en medio de todos y de todo.
De algún modo el grupo logra no matarse entre ellos además de sobrevivir a los zombis el tiempo suficiente para abandonar la cabaña de Marion con su todoterreno, y llegar hasta las afueras de Berkeley… solo para toparse con un muro de metal. Un imposible muro de metal que rodea completamente todo el lugar, y tan alto que se pierde en el cielo hasta la densa capa de nubes. El muro, además está cubiertos de púas, como si estuviera pensado para impedir que animales muy grandes tratasen de trepar por él.
El sheriff histérico, incapaz de aceptar la realidad de lo que tiene ante sus ojos, trata de escalarlo usando las púas como apoyaderos. Es el primero del grupo en morir. Su ayudante es la siguiente… o eso parece, porque nada de lo que está ocurriendo está claro. Algunos tienen ataques de tos tras los cuales se transforman en zombis incluso sin haber sido mordidos, pero este efecto también se reviente espontáneamente. La ayudante es abducida y proyectada hacia el cielo por uno de esos rayos de luz, y un extraño ser, una figura humanoide de color blanco brillante cubierta por una túnica aparece ante ellos. No hace nada, solo se deja ver y los observa huir despavoridos.
Las rachas de lluvia humeante siguen cayendo sobre el área, cada vez con más frecuencia, sin que quede claro si ello también convierte a la gente en zombi o no tiene nada que ver. El grupo, solo cuatro ahora, regresa al pueblo a falta de nada mejor que hacer, y empieza a saquear tiendas en busca de comida y ropa. Deben cambiarse de ropa cada vez que la lluvia los empapa, por precaución, al no saber qué papel juega el agua en todo ese asunto. Otra oleada de zombis les ataca en el pueblo, y mientras luchan contra ellos, cuatro alienígenas luminosos más se manifiestan. Uno de ellos genera en la palma de su mano una bola de agua que lanza contra la cara de Marion. Como si esto lo marcara de algún modo, un rayo de luz cae directamente sobre él y lo abduce.
Los tres que quedan se dirigen ahora al aeródromo del pueblo, perteneciente a una empresa fumigadora. Su plan es utilizar una de las avionetas para tratar de sobrevolar el muro de metal. Pero también el aeródromo está lleno de zombis. El grupo queda separado y solo el novio de la chica embarazada logra subirse a la avioneta y despegar con ella. Esta vez, mientras luchan contra los zombis, empieza a llover de nuevo… y descubrimos que la lluvia vuelve a convertir a los zombis en humanos cuando los empapa lo suficiente. A continuación, aquellos zombis que han sido devueltos a su estado humano son alcanzados por los rayos de luz y elevados al cielo. Este es el destino que aguarda también a la mujer embarazada.
Completamente sola, sin un plan al que agarrarse ni lugar al que ir, René ve aparecer ante sí a un grupo de estos alienígenas luminosos y encapuchados. Empuña una herramienta dispuesta a vender cara su vida, pero uno de los seres genera en su mano una bola de agua y se la lanza a la cara. René se sorprende al notar que esto no le hace daño, sino que, por el contrario, le regenera un corte que se había hecho en la frente. Mediante gestos, los alienígenas se hacen entender. Ellos no están allí para esparcir la enfermedad, sino para curarla. El muro de metal lo alzaron ellos, para contener la plaga zombi desatada por los fragmentos de los meteoritos. La lluvia humeante también es cosa suya, pues la cura está en el agua. Y aquellos que quedan curados, limpios de la enfermedad por la lluvia, son a los que abducen con los rayos de luz.
Y aquí vemos el porqué de lo cutre y barata que parece toda la producción. La película estuvo ahorrando todo el presupuesto que pudo para concentrarlo en la siguiente secuencia: cuando un rayo de luz cae sobre René y la eleva al cielo, vemos que todo el pueblo ha sido reunido allí. Cada habitante, cada animal, cada insecto… una vez sanados por la lluvia, son elevados para mantenerlos alejados del suelo, y de los zombis que quedan.
Finalmente todos los habitantes y fauna de Berkeley son sanados, y los alienígenas se marchan. Los abducidos son devueltos al suelo, una vez la lluvia limpia también la contaminación dejada en este por los meteoritos. Las nubes de lluvia artificial son absorbidas por el enorme muro de metal, y este se desensambla en una serie de segmentos que se elevan al cielo, revelando que en realidad son un conjunto de naves preparadas para combinarse unas con otras formando un cerco de contención en situaciones como estas.
Al día siguiente, el pueblo ha sido tomado por las autoridades. El ejército ha establecido una cuarentena hasta esclarecer lo ocurrido. En el hospital, René y Marion conversan sobre su papel en todo ese asunto. Son conscientes de que no todo el mundo ha sobrevivido. La lluvia ha curado la enfermedad y regenerado las heridas… hasta cierto punto, porque ellos mismos hicieron cosas como partir zombis en dos, arrancarles la cabeza, hacerlos explotar… y daños tan extensos son irreparables. De no haber hecho nada, habrían sobrevivido más de sus vecinos, pero evidentemente no lo podían saber. Y otra cosa que no saben ellos, ni tampoco los alienígenas, es que la lluvia no llegó a curarlos a todos. El novio de la embarazada sí logró salir del pueblo. Voló por encima del muro con la avioneta siendo portador de la enfermedad, y esta termina extendiéndose por todo el país.
La última escena nos muestra a René, sentada en una mecedora a la entrada de su granja, la que el banco se disponía a embargarle cuando estalló la plaga zombi. Se ha erigido en la defensora del pueblo, reuniendo a los supervivientes en el hospital y cazando a todos los zombis de la región. Solo que esta vez no acaba con ellos, sino que se dedica a capturarlos y mantenerlos encerrados en un cercado de su granja.
René mira al cielo, esperando. Esperando el día que los alienígenas regresen para volver a sanarlos con su lluvia. Hasta que ese momento llegue, cuidará tanto de los vivos como de los zombis, ahora que sabe que su estado puede ser revertido.
Esta película pasó bastante desapercibida en su momento, y aún a día de hoy no es muy conocida. He hablado de ella con gente que me ha dicho que empezaron a verla, pero la quitaron al poco de empezar precisamente por lo barato de las actuaciones y los efectos, y el tono de comedia tonta que tiene al principio. Y sí, es una película que te atrapa muy poco a poco, pero yo no puedo más que recomendarla. Es como la vida misma: tiene momentos ridículos, tiene momentos aburridos, tiene momentos divertidos, hay otros sangrientos, e incluso algunos hermosos. Y por esos momentos hermosos, vale la pena soportar los ridículos, los aburridos y los sangrientos. Como la vida misma, sí.
Tiene además un humor muy peculiar, y está llena de pequeños detalles. Por ejemplo, el cartel de entrada y salida al pueblo, que vemos en varias ocasiones, nos muestra el slogan de Berkeley: “Ya le pescaremos”, haciendo referencia a que es un buen lugar para dedicarse a la pesca. Y eso es básicamente lo que hacen los alienígenas cuando cercan el pueblo con su muro de naves y se dedican a atrapar gente y animales con sus rayos de luz: pescar en un barril. Hay también una breve escena en la que vemos un locutor de televisión hablando de lo ocurrido en el pueblo, y su nombre aparece a pie de pantalla: Dick Smart. Son solo un nombre y un apellido relativamente comunes, pero además tienen significado independiente. Dick es una forma coloquial de referirse al pene, y Smart significa elegante o ingenioso, así que podríamos traducir el nombre del locutor por algo así como Polla Bonita. Son detallitos que demuestran no solo el cuidado que pusieron en esta película los codirectores y coguionistas (los Spierig Brothers), sino lo mucho que disfrutaron haciéndola, que eso al final también se nota.
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Undead. 2002. Michael Spierig & Peter Spierig (guion y dirección) Felicity Mason (actriz principal) Mungo McKay (actor principal). Spierigfilm. Editada en DVD en 2003 por Paramount Home Entertainment.